martes, 7 de septiembre de 2010

NOSOTROS PAGABAMOS ARRIENDO...

DOCTOR NOSOTROS PAGAMOS ARRIENDO...


Carlos Julio tenia el cuerpo encorvado, contaba ya con 66 años de edad, mal contados y un espíritu alegre dicharachero y bonachón, la enfermedad que lo incapacitaba no le impedía trabajar, echarse al hombro esa caja garabateada donde tenia toda suerte de cremas y cepillos y esa sillita, si esa misma que con dificultad pero con incomparable gracia ubicaba mientras desarmaba su cuerpo con el fin de iniciar el trabajo, esa tarde lluviosa como la de hoy, entró a mi oficina, yo estaba esperándolo como lo hacia los martes y los jueves, si casi siempre, me saludaba con ese tono de confianza y hacia lo mismo, me dejaba sentar en una silla apartada y paso seguido se desarmaba, se sentaba en frente de mí y comenzaba su trabajo, primero el cepillo, luego el agua, luego el betún. Aquél día como era su costumbre habló; tenia apenas 4 años cuando conoció el Bogo-tazo, lo de Gaitán, él y su familia vivían en la Perseverancia;


  • si mi doctor- y vivíamos de arriendo, y vi los camionados de muertos, y cuando sonaba la alarma, era que todos teníamos que estar dentro de las casas, y siempre se escuchaban las balas.

  • Mi hermano, el tercero, ese que sólo vino hasta ahora cuando mande a decir la misa de mi mamá, era ahijado de Gaitan, yo tengo la foto de el y de gloria, cuando era señorita, cuando de niña lo acompañó, mi hermano, el más malo lleva el nombre del finado, también se llama jorge. Yo doctor tenía cinco años, nací en el 44, y mi papá murió en el 52, imagínese, yo era el mayor, tenía que ayudar a criar a mis hermanos, en la calle aprendí lo que sé, y ahora mire, no necesite de ellos para cuidar a mi vieja, todos esto lo hago yo.


Levantó su mano y elevo a la altura de mi vista el grabado de un águila calva con los colores de la bandera americana, detallada al máximo engalanando la tapa más próxima de su caja, y siguió...


  • Al año siguiente de que mi papá murió tuve que coger la calle, cogí este oficio, eso fue en el 53, cuando Rojas, mi papá no lo conoció, llevo desde ese año haciendo esto, trabajando en esto, y no tengo más que primaria, tercero de primaria, pero se leer y escribir y sumar y restar, no he sido bruto en la vida, con eso me defendí, imagínese doctor mi papá murió y a mi me toco ayudar a criar a la plaga de mis hermanos, ninguno doctor, vino a lo del entierro de mi madre, eso si, apenas le habían puesto los ladrillos a la tumba y se me fueron encima, la “cuba”, la cuba casi se desmaya, ella fue la única que la acompañó, y todos me cayeron encima, que uno quería la cama, que otros el radio, que la cobija, que el colchón, cuando nadies ni siquiera veló por ella, yo era el único, por fin les dije pues si queren les entrego la casa también. Mi mujer de buena, teníamos una arroba de papa y con eso les hizo comida, de ahí ni más, hasta ahora...

  • Ahora en la misa mi hermano, el que se llama jorge -por lo del finado Gaitán- me dijo que por que no me iba a vivir cerca de el, que yo así, que el me ayudaba, el vive por allá en meissen, -que tal- me voy de Guatemala para guatepior, imagínese Doctor cuanta gente no matan por allá en ciudad Bolívar, otra ves esos camionados de muertos, nooo yo me quedo ahí, Dios verá.


El hombre, ahora desahogado de su presión se levanto en la misma patética ceremonia, tomo su caja y su sillita, tomo sus muletas y alargo la mano, también en ese patético y repetido ceremonial que yo conocía, - son dos mil quinientos pesos -, recibe cinco mil, me da las vueltas, y me repite con esa voz lacónica de la edad y de la vida:


- DOCTOR, Nosotros pagábamos arriendo cuando mataron a Gaitan, nos tocó encerrarnos en la casa y escuchábamos los tiros en la calle, la alarma del toque de queda era una trompeta, si mi doctor, NOSOTROS PAGABAMOS ARRIENDO y mi papá no conoció a Rojas Pinilla.

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